
Estoy enamorá de una huevona con cara de puta desquiciada. Se toma la piscola sola y esa huevada a mi siempre me deja loca. Es de esas huevonas que cierran el fotolog a las dos semanas de abrirlo y se hacen uno nuevo para otra vez matarlo. Quizás sólo para decir “hasta nunca” mil veces y esa huevada a mi me excita porque me encanta que me manden a la chucha y poder llorar. Es que me encanta llorar, y mucho más si tengo que llorar por huevonas con cara de puta desquiciada. Me fascina decirle a todos que me rompieron el corazón y se escuchó hasta Puerto Fonck, ¿Que voy a hacer por la tarde?, no se, quizás me tire al Mapocho. Mentira; nunca me tiraría al Mapocho por una huevada de principios, y en verdá, tampoco me han roto el corazón. Pero quiero que esta huevona con cara de furcia demente me lo haga pedazos y lo reparta por toda la PAC para que me de miedo ir a recoger los restos. Quiero que mi mamá no me deje juntarme con ella porque “esa niñita no le echa bebida al pisco y te llama curá pasada la hora en que se duerme en las casas decentes.” Y quiero que a mi no me importe lo que diga mi mamá porque estoy enamorá y quiero casarme con ella aunque a los cinco años me termine pegando o cagandome con la nana. Y va a escribir poemas pésimos y yo me voy a hacer poleras y tazas con ellos. Voy a esperar a que me dedique alguna canción de Luis Fonsi para sentirme dueña de su corazón y por la noche la voy a peinar para que se relaje. Es que la amo y quiero ser su fiesta y su cochiná, coleccionar sus fotos carné y servirle la cena cuando llegue curá. Le voy a escribir una canción chula que va a matar la reputación de mi banda, si, eso voy a hacer para que mis amigas nos odien y pueda llevarme a la loca de la María a Chonchi a regalarle todo mi amor vertedero.